En 1972 la entonces Federación Española de Montañismo recibió un escrito de la “Associatión de Tourismo Pédestre” de París en el que, tras explicar la filosofía del senderismo, se solicitaba la continuación desde la frontera de Puigcerdá hasta el extremo meridional de la península del itinerario europeo E-4.
El encargo se transmitió a la entonces Federación Catalana de Montañismo. En octubre de ese año ya se crea el primer Comité de Senderismo, animado por los Sr.Aguadé y Cullel. La asamblea de la federación de fin de año, celebrada en León, aborda el desarrollo esta nueva iniciativa.
En el año 1973 ya se presenta un borrador de normativa de señalización y un primer “Plan de senderos”. Cabe decir que el trabajo de ubicar algún tipo de señal sobre un camino ya había sido llevado a cabo en distintos puntos de la
geografía española, pero siempre con un desarrollo local.
El doctor Aguadé fue el encargado de marcar los 222 km. del GR 7. Corría el año 1974 y las tierras de Tarragona vieron el primer brochazo “oficial” de blanco y rojo. Transcurridos los meses la topoguía estaba ya en la calle.
Desde el principio se adoptó el sistema francés, implantando sus marcas y llevando a cabo la traducción/adaptación de sus textos programáticos. En esta década de los 70 aparecen los primeros comités de senderos dentro de las,
entonces, delegaciones regionales de la federación.
Son tiempos duros, de mucho trabajo ilusionante y altruista, con mínimos apoyos económicos y “aprendiendo” sobre la marcha. A principios de los años ochenta desde las federaciones del Pirineo el fenómeno se transmitió a Valencia y a Madrid; luego, con el tiempo, se irían incorporando el resto de las ya federaciones autonómicas.
En esta década las riendas del senderismo federativo pasan del Sr. Cullel a Domingo Pliego; se instituye el “Comité Estatal de Senderos” y se pone en marcha el Registro General de Senderos. El asunto empezaba a tomar velocidad, y ya había editoriales que se arriesgaban en la edición de las topoguías.
A principios de los noventa la red de senderos tenía 8000 km., sobre todo GR. Se produce entonces el desarrollo de los PR. Y crece, en el mundo federativo, la percepción de que recorrer los senderos marcados era un apetencia que
trascendía el mundo montañero.
La elección de Joan Garrigós como presidente de la FEDME, la designación de Modesto Pascau, perteneciente a la Junta, con competencias en la materia, y la designación de Juan Mari Felíu como persona encargada del senderismo, supone otro salto. Aparecen claramente las implicaciones extradeportivas del senderismo. La FEDME moderniza la estructura de atención al senderismo: se crean las Jornadas Estatales de Senderismo, se elabora el I Plan Director Estatal, se establece como se ha de funcionar, se empiezan a entablar contactos con las instituciones en los ámbitos de turismo, deporte, medioambiente y ordenación del territorio, se redacta el primer “Manual de Senderismo”., etc.
La reflexión federativa sobre que el usuario de la red de senderos ya no tiene un perfil montañero, lleva a esta a cuajar una titulación no reglada propia titulada “Técnico de Senderos FEDME”. En él se ordenan los conocimientos y las experiencias habidas, durante ya mas de 20 años; su objetivo es marcar senderos con más calidad, sustanciada esta en la seguridad y la homogeneidad. En 1997 tiene lugar el primer curso en Navacerrada y desde entonces se han celebrado una decena más. Está enfocada a la formación de las personas que colaborar con los Comités de Senderos de las federaciones, pero es abierta a todos los federados.
Será también a mediados de la década de los noventa cuando desde los distintos gobiernos autónomos se va generando normativa, con rango de decreto, que regula la ubicación de marcas en su territorio. La Comunidad Autónoma Vasca inaugura está línea con el decreto 79/96. En la actualidad hay ya cinco territorios que tienen una norma similar y es previsible que en breve plazo se incorporen a esta línea otras tantos.
La apuesta federativa por los senderos multiplica sus acciones y se establecen acuerdos con el Instituto Geográfico Nacional para hacer referencias de los GR y PR en la cartografía, con el Ministerio de Medio Ambiente para (entre otros asuntos) asesorar en la creación de itinerarios pedestres. Se abre una canal de comunicación con los gestores de Espacios Naturales Protegidos para establecer una práctica deportiva mucho más respetuosa, etc. En esta última línea, en el marco del II Seminario de Espacios Naturales Protegidos y Deportes de Montaña, llevado a cabo en Jaca en el año 2003 una de las ponencias se centro en el análisis de la actividad de senderismo, llegándose a un alto grado de consenso.
En paralelo los gestores públicos relacionados con el turismo empiezan a estudiar la potencialidad que, para su sector, tiene el practicante del senderismo, sea federado o nó. En este sentido cabe resaltar el “Estudio de impacto
socioeconómico y medioambiental del senderismo en la provincia de Huesca” que realiza la Diputación Provincial de Huesca y que deja bien a las claras la “rentabilidad” de la actividad.
La constante evolución del mundo senderista obliga a la FEDME a tener una mentalidad abierta pero siempre desde la filosofía de una federación deportiva; en este sentido en el año 2004 se reforma el “Manual de Senderos” y la formación de “Técnico de Senderos FEDME” .
Esta historia del senderismo no termina en el momento en el que se elaboran los textos de esta Web. Son cerca de 60.000 km. de senderos , son más de 100.000 las personas federadas (bien con tarjeta FEDME o bien con tarjeta
autonómica) de las cuales la mayoría son senderistas, y son muchos los millones de personas (de cualquier procedencia) que quieren caminar por el medio natural contando con la seguridad que les proporcionan las marcas. Toda una realidad que obligará a la FEDME a seguir “haciendo historia”.
Nota: Del documento publicado en la web de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME)